Yo.



Me encanta sonreír. Me encanta pasar las tardes con Liliana viendo películas aburridas. Me encanta malgastar las cerillas. Me encanta ser libre. Me encanta escuchar música en mi habitación aislada del mundo. Me encanta pensar en mis cosas durante toda una tarde. Me encanta pensar en él, y sonreir sin darme cuenta. Me encanta pasar horas y horas mirando las estrellas, igual que me encanta pasar horas y horas mirando el mar. Me encanta rascarme la marca que me queda de los calcetines. Me encanta estrenar una caja de lápices de colores. Me encanta ponerme frente a un ventilador y reirme de como suena mi voz. Me encantan las mariposas en el estómago. Me encanta el primer chapuzón del verano. Me encantan las canastas de baloncesto con cadenas de metal. Me encanta llegar al chicle del cupachups. Me encanta esa pequeña congelación cerebral cuando muerdo un helado. Me encanta ver que mi sombra me hace alta y delgada. Me encanta aprenderme una canción. Me encanta tocar la guitarra. Me encanta pasar las llemas de los dedos por encima de un libro y sentir la tinta. Me encantan los nervios del día antes de mi cumpleaños. Me encanta escuchar una conversación entre niños pequeños. Me encanta sacar mayor nota que el empollón de la clase. Me encanta encender la radio y que suene mi canción favorita. Me encanta pisar el cesped o la arena de la playa descalza. Me encanta la comodidad de lavarme los dientes con un cepillo eléctrico. Me encanta montar un cubo de rubik. Me encanta ver mi pueblo desde lo más alto por la noche y descubrir que es más bonito de lo que pensaba. Me encanta que me vean mal y no puedan vivir sin verme bien. Me encanta ser yo misma y no preocuparme de las risas de los demás. Me encanta llorar sin motivo. Me encanta odiar estar lejos de él, porque cuando lo tengo cerca, soy feliz.



Tengo un pequeño cuaderno que intento llevar siempre encima, en el que voy anotando a lo largo del día frases, reflexiones y algunas rimas que se me pasan por la cabeza, y cada cierto tiempo publico las que más me gustan aquí. Todo lo que pongo aquí, al igual que en mis otros blogs, es producto únicamente de mi cabeza (y si no lo es me aseguro de poner la fuente de donde lo he sacado). Así que si os gusta, me alegrará mucho saberlo, pero por favor los botoncitos 'copiar' y 'pegar' dejadlos intactos. Gracias de antemano.

En una dulce noche de estrellas.

Arena desvaneciéndose entre mis dedos era una de las millones de cosas que sentí aquella noche. Tu, yo y mil estrellas que nos tapaban, tumbados en una playa oscura sin nadie que pudiera observarnos y a la espera de un amanecer especial. Éramos jóvenes, arriesgados y sin miedo alguno, tu me abrazabas, me acariciabas, me susurrabas palabras con algún significado para nosotros, para nuestra historia, estábamos tumbados con las miradas fijas el uno en el otro, sintiendo el calor mutuo que creábamos, yo tímida, envuelta en temor, tu me tocabas lentamente, me ibas tranquilizando, besándome el cuello con tanta ternura... La luna nos caía encima, nos miraba el disfrutar de el roce de nuestros cuerpos, la fuerza con la que mi mano cogía la tuya, el inmenso placer en el que nos habíamos sumergido, la suavidad de tu piel, esos dulces soplidos que me hacías en la oreja. Dos jóvenes, con un amanecer por delante, y sus nombres grabados en la arena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario